Narra
Patri
-
Parece que
necesitáis ayuda -dice una chica rubia de unos 16 o 17 años.
-
Sí, la verdad. Veréis, es que somos nuevas en Londres… Nos hemos perdido, ¿nos podéis ayudar?
-digo yo amablemente, dudando al decir algunas cosas.
-
Claro que sí. Un momento… vosotras dos estabais
bailando antes en un corro en la plaza, ¿no? -dice la otra chica, que es morena
con el pelo rizado y de unos 18 o 19 años, mirando a su amiga.
-
Sí, sí que lo son -se ríe la rubia- Por cierto, no nos
hemos presentado. Yo soy Lucy y ella Catelyn, pero la llaman Cate –dice
señalándose a ella y a su amiga.
-
Yo soy Noemí y ella es mi hermana Patri -dice mi
hermana sonriendo-
-
¡Encantadas! Que sepáis que cantáis y bailáis genial. Tenéis
una voz precisa -dice sonriendo Cate.
-
Sí, deberíais ir a algún programa de canto o algo. Aquí
hay bastantes y vosotras cantáis genial -dice Lucy.
-
Gracias –digo yo sonrojándome de la vergüenza. Mi
hermana al verme, se ríe.
-
Bueno chicas, entonces a dónde queréis ir –dice Cate
mirándonos.
-
Pues queríamos ir a visitar el London Eye o el Big Ben,
pero ya es muy tarde. Creo que nos tenemos que ir yendo a casa, Noemí -digo
mirando a mi hermana.
-
Bueno si queréis os llevamos hasta una calle principal
y os invitamos a tomar algo. Luego os decimos cómo ir hacia vuestra casa -dice
Cate.
-
Bueno, si no es molestia… Sois muy amables -contesta mi hermana.
-
No os preocupéis… Todos somos nuevos algún día –dice
Lucy mientras comenzamos a caminar.
Al rato llegamos a
una plaza, que era paralela a la calle principal de la ciudad, según nos
dijeron las chicas, y entramos en un café-bar. Nos sentamos en una mesa de
fuera y nos tomamos yo y Cate un té y Lucy y mi hermana un café, mientras
charlamos animadamente. Nos cuentan cosas sobre Londres, sobre ellas, nos
vuelven a repetir que deberíamos presentarnos a algún programa y cosas por el
estilo. Al darnos cuenta de que ya ha pasado una hora, nos disponemos a
marcharnos:
-
Bueno creo que ya tenemos que irnos… Encantadas de
conoceros, habéis sido muy amables, de verdad. -digo sonriendo.
-
Igualmente
chicas -dicen las dos al unísono y sonriendo-
-
Si queréis, dadnos vuestro número y os llamamos algún
día y lo volvemos a repetir, ¿queréis? –dice mi hermana sonriéndolas- Pero esta
vez os invitamos nosotras.
-
Vale, nos parece genial –dice Lucy. Nos intercambiamos
los números y nos despedimos con dos besos.
-
¡Nos vemos pronto, chicas! Y pensaros eso de
presentaros a un casting, que tenéis que compartir ese talento eh -dice Cate
mientras comienzan a andar en dirección contraria que nosotras.
-
Sí, lo pensaremos -dice mi hermana riendo.
Narra Noemí
Al despedirnos de las chicas (e
indicarnos el camino hacia nuestra casa), comenzamos a andar en la dirección
indicada. Cuando estamos a tan sólo una calle de llegar, vemos un cartel pegado
a una farola, en el que pone:
“Si tienes a partir de 16
años y crees que tienes talento cantando,
preséntate a nuestro concurso: X-Factor.
Puedes presentarte como solista o como grupo.
Un jurado profesional decidirá si eres adecuado para nuestro programa.
¡Mucha suerte a todos!”
preséntate a nuestro concurso: X-Factor.
Puedes presentarte como solista o como grupo.
Un jurado profesional decidirá si eres adecuado para nuestro programa.
¡Mucha suerte a todos!”
- Mira,
Patri –digo arrancando el papel y leyéndoselo en voz alta- ¿Y si… nos
presentamos? –digo con una nota de esperanza en mi voz.
- ¿Cómo?
No pretenderás que nos presentemos a eso… Sabes que me da muchísima vergüenza,
Noemí. No puedo… Preséntate tú… -dice mi hermana nerviosa.
- Pero
es que quiero que vayamos las dos. Quiero que demostremos que valemos, las dos.
Hazlo por mí…. Por favor –le digo a mi hermana poniéndole esos ojitos de niña
buena que nunca se le resisten.
- No,
Noemí. Esta vez tu mirada de niña buena no va a funcionar. Sabes que no puedo… -dice
mi hermana después de reírse al verme con carita de corderito inocente.
- ¿Pero
por qué no puedes? Es una tontería, Patri. Mira, hacemos una cosa… Nosotras nos
preparamos y echamos los papeles para el casting… Y si en el último momento ves
que no puedes, lo dejamos. Pero al menos intentémoslo… En algún momento tienes
que superar tu vergüenza, ¿no? –digo yo intentando negociar con ella.
- Mmm…
Bueno, me lo pensaré… Además, tendremos que ver si “papá” nos deja presentarnos
–dice mi hermana poniendo comillas en papá.
- Seguro
que si nos deja. Y por cierto, intenta no ser tan borde con él, por favor –le
digo a mi hermana.
- Hermanita,
creo que por hoy ya me has pedido demasiado, eh. No tientes más a la suerte
–dice mi hermana riéndose mientras comenzamos a andar.
Al llegar a casa, subimos a nuestras respectivas habitaciones
para ponernos el bikini. Nos apetece darnos un baño. Sólo es la una de la tarde
y Abbie nos ha dicho que comeríamos a las dos. Al terminar de ponerme el
bikini, voy hacia la habitación de mi hermana y justo antes de llamar para
entrar, ella abre la puerta y sale.
- Justo
te iba a llamar. Venga, vámonos a la piscina. Aprovechemos que hoy hace buen
día. Porque me da a mí que en Londres no vamos a tener días como estos siempre
–le digo a mi hermana mientras comenzamos a andar.
- Pues
la verdad es que sí. Es un asco… Estamos en la primera quincena de Junio. En
España estaríamos muertas de calor y aquí estamos perfectamente. Con calorcito,
pero no excesivo. Sólo espero que siga así mucho tiempo –dice mi hermana al
caminar.
Momentos después llegamos a la piscina, extendemos unas toallas
de playa que nos ha dado Abbie y nos tumbamos en unas hamacas que hay al borde
de la piscina.
Después de estar un rato tumbadas tomando el sol tranquilamente, oímos muy cerca el ruido de un cortacésped. Mi hermana se incorpora, se pone las manos a forma de visera para protegerse del sol y después de examinar el extenso jardín, o lo que tenemos al alcance de nuestra vista, me dice:
Después de estar un rato tumbadas tomando el sol tranquilamente, oímos muy cerca el ruido de un cortacésped. Mi hermana se incorpora, se pone las manos a forma de visera para protegerse del sol y después de examinar el extenso jardín, o lo que tenemos al alcance de nuestra vista, me dice:
- ¡Eh!
Mira allí. Si parece que tenemos jardinero y todo –dice mi hermana indicándome
el lugar donde hay un hombre con un cortacésped.
Narra
Patri
Intento mirarle bien, pero no está lo suficientemente cerca.
Cuando mi hermana ya ve al hombre dejo de señalarle.
- Sí,
parece ser que sí -dice mi hermana riendo.
- Bueno
si eso ya le conoceremos mas tarde -le digo a mi hermana mirándola.
- Sí,
supongo que sí. Además, me da exactamente igual si le conozco o no –digo yo
mientras me vuelvo a tumbar en la hamaca.
- Bueno,
¿vamos al agua? -dice mi hermana. Yo asiento con la cabeza y me levanto, ella
se levanta seguido y nos metemos en el agua, mi hermana se tira de cabeza y yo
voy por las escaleras, poco a poco- Venga, Patri. Métete ya -dice mi hermana
riendose.
- Es
que esta muy fría -digo mirándola y temblando un poco.
- Anda
exagerada. Métete de golpe y verás que no es para tanto -dice ella nadando
hacia mí. Cuando ya tengo medio cuerpo metido, viene mi hermana por detrás y me
empieza a salpicar.
- ¡Ah!
Dios, está helada. Te vas a enterar -le grito mientras me termino de meter en
el agua y comienzo a salpicara yo.
Seguimos jugando y salpicándonos un rato. Al rato de estar
jugando en el agua, vemos como se acerca
alguien.
- Buenos
días. Vosotras sois las hijas del dueño de la casa, de Mario, ¿verdad? –nos
dice sonriendo la persona que se nos ha acercado. Es un chico castaño de ojos
verdes, de aproximadamente unos 18 o 19 años.
- Sí, hola
-saludamos las dos sonriendo y saliendo de la piscina. El chico al vernos
salir, se acerca a nuestras toallas, las coge y nos las da caballerosamente.
- ¡Gracias!
-le digo sonriéndole.
- Disculpad, no he presentado. Me llamo Dylan y
soy el jardinero -dice el chico sonriendo amablemente.
- ¡Encantadas
de conocerte! Yo soy Patri y ella es mi hermana pequeña, Noemí -le digo
sonriendo.
- El
gusto es mío -dice sonriéndome y mirándome. La verdad es que el chico es bastante
guapo y simpático- Y, ¿cuanto tiempo lleváis aquí? –nos dice intentando
entablar conversación.
- Pues…
Es nuestro primer día –le contesta mi hermana.
- Ah,
claro. Ya decía yo… Vuestro padre me habló de vosotras un par de veces y antes
de irse me dijo que iría a veros. Pero no me dijo que fuerais a venir aquí. Soy
españolas, ¿verdad? –nos dice Dylan.
- Ya
bueno… Es que… Nos hemos tenido que venir a vivir aquí, con él. No nos queda
otro remedio. Sí, somos españolas –le contesto a Dylan.
- ¿Y
con quién vivíais antes? –dice Dylan curioso. Puff, ahora toca responder a la
tan dolorosa pregunta.
- Vivíamos
con… con nuestra madre –dice mi hermana en un tono más bajo de lo normal. Ahora
que estábamos algo mejor…
- Eh,
sí. Pero preferimos no hablar de ello. Lo siento pero... no es algo de lo que
nos guste hablar… -le digo a Dylan, intentando evadir el tema.
- Ah,
sí claro. Siento haberme inmiscuido –nos dice Dylan con una mirada de disculpa.
- Eh,
no te preocupes. No pasa nada –le responde mi hermana sonriéndole. De repente
vemos que aparece nuestro padre por la puerta del patio.
- ¡Chicas!
–grita nuestro padre- Vamos a comer ya. Hola Dylan, ya veo que habéis
presentado –dice nuestro padre acercándose al percatarse de la presencia de
Dylan.
- Hola,
señor. Sí, al verlas me he acercado a presentarme –dice dándole la mano a modo
de saludo- Bueno chicas, ya hablaremos en otro momento. Si necesitáis algo,
decídmelo –dice Dylan mirándonos a nosotras y despidiéndose después de nosotros
tres.
Narra
Noemí
Al marcharse Dylan, mi padre entra en la casa y nosotras nos
ponemos la ropa y entramos también. Nos vamos directas al comedor, donde ya
está la mesa puesta y mi padre sentado esperándonos. Nada más sentarnos llega
Abbie con la comida, nos sirve, le damos las gracias y se retira. Mientras
comemos, mi padre intenta entablar conversación, pero yo soy la única que le responde
y si mi hermana le responde, no es precisamente de buenas formas.
Cuando acabamos de comer, Abbie viene y nos recoge los platos, en ese momento me acuerdo del casting, así que decido comentárselo a nuestro padre antes de que se vaya:
- Oye,
papá. Mi hermana y yo queríamos pedirte permiso para una cosa…. Y bueno, saber
qué te parecería… -le digo a mi padre mientras mi hermana me lanza una mirada
interrogante.
- ¿Qué
es lo que queréis, chicas? –me responde nuestro padre curioso.
- No es
nada… Son… -dice mi hermana.
- No sí
que lo es –digo yo rápidamente cortando a mi hermana- Verás, es que hoy hemos
visto un cartel en el que hacían un casting para un programa de canto, se llama
X-Factor, creo. Y bueno, queríamos saber si nos dejarías presentarnos. Nos hace
muchísima ilusión y hoy unas chicas que hemos conocido nos han dicho que
cantábamos muy bien y… -digo yo sin parar de hablar. Sí, soy muy charlatana.
- Bueno,
bueno, para el carro enana –me dice mi hermana riéndose de mí- Que te dije que
me lo pensaría… -yo en ese momento la vuelvo a mirar con cara de cachorrito-
Aish… Está bien, lo intentaremos. Pero no me eches la culpa si te tiran tomates
por mi culpa eh –me dice mi hermana riéndose.
- A ver
que me entere… ¿Vosotras cantáis? –dice nuestro padre sorprendido- ¿Y ya habéis
hecho amigas? No sois sociables ni nada… -dice mi padre riéndose. Al ver que mi
hermana va a responder, le doy un suave pisotón en el pie para que se calle, a
lo que ella me responde con una mirada fulminante.
- Sí,
nosotras cantamos. ¡Nos encanta cantar! Y bueno… es que hoy hemos visto a gente
bailando y cantando y nos hemos acercado y… ¡Nos han sacado!. Luego nos hemos
perdido y nos han ayudado dos chicas… Nos han invitado a tomar algo mientras
hablábamos y nos han dado la idea de presentarnos y eso… Ellas nos habían oído
por lo visto y las hemos debido de gustar. Así que… Supongo que sí, se podría
decir que cantamos –digo riéndome al terminar la frase y ver la cara de
sorprendido de mi padre. Tengo la capacidad de hablar mucho.
- Sí
que os han pasado cosas en vuestro primer día en Londres… Bueno pues vale, por
mí no hay problema. Os podéis presentar si queréis… ¿Cuando son los castings?
–en ese momento me levanto corriendo para ir hacia mi habitación. Al llegar,
saco el cartel de mi bolso y vuelvo a recorrer todo el camino de vuelta al
comedor. En el comedor me esperan mi padre y mi hermana en silencio, esperando
a que volviese.
- Pues…
-digo mientras miro el cartel- Ah, sí. Ya lo veo… Pues aquí en el centro son el
martes de dentro de algo menos de dos semanas. ¡Tenemos muy poco tiempo, Patri!
- Noemí,
solo tenemos que ensayar una canción. No preparar un musical –dice mi hermana
riéndose de mí. A lo que yo la respondo sacándole la lengua y haciéndome la
indignada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario