martes, 19 de junio de 2012


Introducción
Narra Patri

Suena la alarma del móvil: One Thing. Me desperezo y la apago. Subo la persiana y hago mi cama, cuando compruebo que mi hermana no está despierta. Ella duerme en la habitación de al lado y siempre está con música, desde que se levanta, hasta que se acuesta. Por eso sé que no está despierta. Entonces decido ir en silencio a su habitación y cuando estoy ya a un paso de su cama, me tiro encima de ella:
-   Venga enana, despierta. Que hoy nos lleva mamá al instituto -la digo mientras la despeino.
-   Jo, un ratito más. Porfi –dice Noemí mientras que me pone ojitos de niña buena.
-   No, que sino llegaremos tarde, como siempre -digo mientras la zarandeo un poco- levanta, levanta.
-   Vale, vale ya voy –me dice mientras se estira, coge su móvil y pone música.

Me levanto de su cama y me voy a dar una ducha mientras mi hermana arregla su habitación. Cuando salgo del baño, ya arreglada para ir al instituto, voy a cerciorarme de que Noemí no se haya vuelto a dormir. Y no, no está. Sonrío y bajo las escaleras mientras oigo a mi hermana y a mi madre hablar. Al entrar a la cocina, puedo comprobar que mi hermana está vestida y desayunando:
-   Dios, no sé como lo haces. Siempre me levanto antes que tú y siempre terminas antes que yo –le digo mientras cojo y me sirvo el desayuno de hoy: unos cereales con leche.
-   Ya, es que eres una lenta. Te tiras medio año mirándote en el espejo –dice mientras me saca la lengua y mi madre se ríe.
-   Eso es mentira, enana –me hago la indignada, pero no puedo evitar reírme con ellas. La risa de mi hermana es muy contagiosa.

Comencé a desayunar mientras charlábamos las tres tranquilamente:
-   Hijas, hoy no llegaré del trabajo hasta casi entrada la noche. Tengo que arreglar unos asuntos y me llevará tiempo. Pero no os preocupéis, llegaré para haceros la cena –dice nuestra madre mientras nos sonríe de forma tranquilizadora.
-   Vale, no pasa nada mami –le sonrío y le doy un beso en la mejilla- Oye enana, ¿hoy tienes clases de tu preciado clásico? –le digo esta vez a mi hermana, burlándome de ella cariñosamente.
-   Ja, ja, ja. Que graciosa eres. Ni que tus clases de funky fuesen mejores. Eres una mala influencia, que lo sepas –dice mientras imita uno de mis movimientos de baile- Y no, no tengo clase. Nos lo pasaron a pasado mañana, ¿y tú tienes clase de baile hoy?
-   Pues me alegro de saber que soy una mala influencia. Y no, yo hoy tampoco tengo clase. La tengo mañana –digo burlándome de ella. La mayoría de las veces estamos picándonos, como ahora- Eh, tú enana. Venga que son ya las ocho y llegaremos tarde –me levanto y le echo el último trago a mi Cola-Cao.
-   Siéntate, tranquila. ¿Has olvidado que hoy os llevo yo? –dice mi madre mientras también se levanta- Patri, cielo, siempre haces igual.
-   Normal, mamá. Siempre llega tarde –dice mi hermana, que es la única que sigue todavía sentada terminando de desayunar.
-   Anda, tú cállate. Ni que tú llegases pronto a todos los sitios –le digo a mi hermana. 


Dejo mis platos en el fregadero y me voy al baño. Al rato viene mi hermana también a lavarse los dientes. Cuando terminamos de arreglarnos, cogemos nuestras cosas y nos dirigimos con nuestra madre hacia el coche:
-   Me pido delante –dice mi hermana corriendo hacia el asiento de copiloto.
-   No, de eso nada. Tu detrás, que me toca a mi –le digo mientras le agarro de la mochila.
-   ¡Pero que mentirosa eres! Si fuiste el otro día –me dice mientras gira la cabeza hacia un lado y cruza sus brazos, en señal de indignación.
-   Ah, pero tú eres la pequeña. Así que tendrás que aguantarte –le digo mientras me río por el gesto de mi hermana.
-   Venga chicas, dejarlo ya –dice mi madre mientras se mete en el asiento del conductor- Noemí, deja que tu hermana se ponga delante, que tengo que comentarle una cosa.
-   No es justo, mami –se queja mi hermana. Me echa una mirada fulminante y entra en la parte de atrás del coche.
-   Venga, el próximo día te dejo –le digo sonriéndole.
-   ¿Sabes que parecemos niñas de 10 años, verdad? –dice mi hermana, y nos echamos a reír por su comentario. 


En cuanto el coche se puso en marcha, mi hermana se puso los auriculares y comenzó a cantar. Como no, las canciones de One direction. Les adoraba a más no poder, al igual que yo.

-   Bueno mamá. ¿Qué querías decirme? –le digo dirigiéndole una mirada interrogante.
-   Pues quería comentarte que… anoche llamó vuestro padre –dice mi madre dudosa, sin apartar la vista de la carretera- Sí, no me mires así, hija. Dijo que quería volver a contactar con vosotras, poder hablar alguna vez. Que se arrepentía de…
-   No, mamá. No sigas por ahí porque no –le digo sin dejarla terminar- Después de 10 años sin saber nada de él. No entiendo por qué ahora de repente quiere saber de nosotras, como si le importásemos. –dijo cada vez más enfadada y subiendo el tono de voz.
-   Vale, hija. Te entiendo, pero sé comprensiva –dice ella en voz baja. Puedo notar por sus facciones que ella también lo pasó muy mal cuando mi padre y ella se separaron y nos dejó a mi hermana y a mi.
-   Que sea comprensiva ni hablar. ¿Y que pasa con todas esas noches que preguntaba yo por él? ¿O que me pasaba llorando? ¿Y cuando me hacía falta tener a mi padre a mi lado? Para mí era como una puñalada el ver a mis amigas con sus padres. Con los dos, y yo y mi hermana solo te tenemos a ti. No me malinterpretes, eres la mejor madre del mundo y no te cambiaría por nada –noto como mis ojos se están empezando a humedecer. Pero no pienso permitirme llorar por él- Pero él, ese hombre desconocido que es mi padre. No quiero saber nada de él. Si él no quiso saber nada de nosotras en su momento, ahora que ya superé su ausencia, no va a venir a arruinarme la vida. Ni lo dudes un instante, mamá –trago saliva y me quedo mirándola en silencio.


En ese instante mi madre para el coche. Ya hemos llegado al instituto. Mi hermana se quita los auriculares y  nos mira. Al ver nuestras expresiones dice:
-         ¿Qué pasa, por qué discutís? –nos pregunta curiosa.
-         Por nada, enana. Déjalo, son tonterías –giro la cabeza hacia ella y le dirijo una pequeña y falsa sonrisa- Venga, vayámonos ya.


Mi hermana se baja. Yo, miro un instante a mi madre y a continuación salgo del coche sin ni siquiera darle un beso. Mi hermana se lo da, cierra la puerta y sale corriendo hacia mí, ya que yo había echado a andar hacia el instituto. Cuando llegamos a la clase de mi hermana, nos despedimos y quedamos en que iría a buscarla al acabar la mañana para volver juntas a casa.

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