Introducción
Narra Patri
Suena la alarma del móvil: One Thing. Me desperezo y la
apago. Subo la persiana y hago mi cama, cuando compruebo que mi hermana no está
despierta. Ella duerme en la habitación de al lado y siempre está con música,
desde que se levanta, hasta que se acuesta. Por eso sé que no está despierta.
Entonces decido ir en silencio a su habitación y cuando estoy ya a un paso de su
cama, me tiro encima de ella:
-
Venga enana, despierta. Que hoy nos lleva mamá al
instituto -la digo mientras la despeino.
-
Jo, un ratito más. Porfi –dice Noemí mientras que me
pone ojitos de niña buena.
-
No, que sino llegaremos tarde, como siempre -digo
mientras la zarandeo un poco- levanta, levanta.
-
Vale, vale ya voy –me dice mientras se estira, coge su
móvil y pone música.
Me levanto de su cama y me voy a dar una ducha mientras
mi hermana arregla su habitación. Cuando salgo del baño, ya arreglada para ir
al instituto, voy a cerciorarme de que Noemí no se haya vuelto a dormir. Y no,
no está. Sonrío y bajo las escaleras mientras oigo a mi hermana y a mi madre
hablar. Al entrar a la cocina, puedo comprobar que mi hermana está vestida y
desayunando:
-
Dios, no sé como lo haces. Siempre me levanto antes que
tú y siempre terminas antes que yo –le digo mientras cojo y me sirvo el
desayuno de hoy: unos cereales con leche.
-
Ya, es que eres una lenta. Te tiras medio año mirándote
en el espejo –dice mientras me saca la lengua y mi madre se ríe.
-
Eso es mentira, enana –me hago la indignada, pero no
puedo evitar reírme con ellas. La risa de mi hermana es muy contagiosa.
Comencé a desayunar mientras charlábamos las tres
tranquilamente:
-
Hijas, hoy no llegaré del trabajo hasta casi entrada la
noche. Tengo que arreglar unos asuntos y me llevará tiempo. Pero no os
preocupéis, llegaré para haceros la cena –dice nuestra madre mientras nos
sonríe de forma tranquilizadora.
-
Vale, no pasa nada mami –le sonrío y le doy un beso en
la mejilla- Oye enana, ¿hoy tienes clases de tu preciado clásico? –le digo esta
vez a mi hermana, burlándome de ella cariñosamente.
-
Ja, ja, ja. Que graciosa eres. Ni que tus clases de
funky fuesen mejores. Eres una mala influencia, que lo sepas –dice mientras
imita uno de mis movimientos de baile- Y no, no tengo clase. Nos lo pasaron a
pasado mañana, ¿y tú tienes clase de baile hoy?
-
Pues me alegro de saber que soy una mala influencia. Y
no, yo hoy tampoco tengo clase. La tengo mañana –digo burlándome de ella. La
mayoría de las veces estamos picándonos, como ahora- Eh, tú enana. Venga que
son ya las ocho y llegaremos tarde –me levanto y le echo el último trago a mi
Cola-Cao.
-
Siéntate, tranquila. ¿Has olvidado que hoy os llevo yo?
–dice mi madre mientras también se levanta- Patri, cielo, siempre haces igual.
-
Normal, mamá. Siempre llega tarde –dice mi hermana, que
es la única que sigue todavía sentada terminando de desayunar.
-
Anda, tú cállate. Ni que tú llegases pronto a todos los
sitios –le digo a mi hermana.
Dejo mis platos en el fregadero y me voy al baño. Al
rato viene mi hermana también a lavarse los dientes. Cuando terminamos de
arreglarnos, cogemos nuestras cosas y nos dirigimos con nuestra madre hacia el
coche:
-
Me pido delante –dice mi hermana corriendo hacia el asiento
de copiloto.
- No,
de eso nada. Tu detrás, que me toca a mi –le digo mientras le agarro de la
mochila.
- ¡Pero
que mentirosa eres! Si fuiste el otro día –me dice mientras gira la cabeza
hacia un lado y cruza sus brazos, en señal de indignación.
- Ah,
pero tú eres la pequeña. Así que tendrás que aguantarte –le digo mientras me
río por el gesto de mi hermana.
- Venga
chicas, dejarlo ya –dice mi madre mientras se mete en el asiento del conductor-
Noemí, deja que tu hermana se ponga delante, que tengo que comentarle una cosa.
- No
es justo, mami –se queja mi hermana. Me echa una mirada fulminante y entra en
la parte de atrás del coche.
- Venga,
el próximo día te dejo –le digo sonriéndole.
- ¿Sabes
que parecemos niñas de 10 años, verdad? –dice mi hermana, y nos echamos a reír
por su comentario.
En cuanto el coche se puso en marcha, mi hermana se
puso los auriculares y comenzó a cantar. Como no, las canciones de One
direction. Les adoraba a más no poder, al igual que yo.
-
Bueno mamá. ¿Qué querías decirme? –le digo dirigiéndole
una mirada interrogante.
-
Pues quería comentarte que… anoche llamó vuestro padre
–dice mi madre dudosa, sin apartar la vista de la carretera- Sí, no me mires
así, hija. Dijo que quería volver a contactar con vosotras, poder hablar alguna
vez. Que se arrepentía de…
-
No, mamá. No sigas por ahí porque no –le digo sin
dejarla terminar- Después de 10 años sin saber nada de él. No entiendo por qué
ahora de repente quiere saber de nosotras, como si le importásemos. –dijo cada
vez más enfadada y subiendo el tono de voz.
-
Vale, hija. Te entiendo, pero sé comprensiva –dice ella
en voz baja. Puedo notar por sus facciones que ella también lo pasó muy mal
cuando mi padre y ella se separaron y nos dejó a mi hermana y a mi.
-
Que sea comprensiva ni hablar. ¿Y que pasa con todas
esas noches que preguntaba yo por él? ¿O que me pasaba llorando? ¿Y cuando me
hacía falta tener a mi padre a mi lado? Para mí era como una puñalada el ver a
mis amigas con sus padres. Con los dos, y yo y mi hermana solo te tenemos a ti.
No me malinterpretes, eres la mejor madre del mundo y no te cambiaría por nada
–noto como mis ojos se están empezando a humedecer. Pero no pienso permitirme
llorar por él- Pero él, ese hombre desconocido que es mi padre. No quiero saber
nada de él. Si él no quiso saber nada de nosotras en su momento, ahora que ya
superé su ausencia, no va a venir a arruinarme la vida. Ni lo dudes un
instante, mamá –trago saliva y me quedo mirándola en silencio.
En ese instante mi madre para el coche. Ya hemos
llegado al instituto. Mi hermana se quita los auriculares y nos mira. Al ver nuestras expresiones dice:
-
¿Qué pasa, por qué discutís? –nos pregunta curiosa.
-
Por nada, enana. Déjalo, son tonterías –giro la cabeza
hacia ella y le dirijo una pequeña y falsa sonrisa- Venga, vayámonos ya.
Mi hermana se baja. Yo, miro un instante a mi madre y a
continuación salgo del coche sin ni siquiera darle un beso. Mi hermana se lo
da, cierra la puerta y sale corriendo hacia mí, ya que yo había echado a andar
hacia el instituto. Cuando llegamos a la clase de mi hermana, nos despedimos y
quedamos en que iría a buscarla al acabar la mañana para volver juntas a casa.
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