domingo, 24 de junio de 2012

Capítulo 2: Regresa, te necesitamos


Narra Patri
-   Dígame doctor. ¿Qué ha pasado, está bien?-digo de carrerilla, intranquila.
-   Está más o menos igual, pero ha despertado y quiere veros -dice el médico.
-  Menos mal que ha despertado. De acuerdo, enseguida vamos para allá –al colgar el teléfono, le explico todo a mi hermana, ya que no ha podido oír todo.
Nos  vestimos rápidamente y nuestro tío nos lleva hasta el hospital. Cuando llegamos, vamos rápidamente a la habitación. Antes de entrar nuestra tía nos dice que nos calmemos  para que no se alterase nuestra madre. Nos quedamos cinco minutos en la puerta y cuando conseguimos calmarnos todo lo que permitía aquella situación, pasamos y nos acercamos a la camilla. Al verla, ella hace un esbozo de sonrisa, pero apenas puede moverse por las contusiones. Nosotras la rodeamos y le damos un suave pero cariñoso abrazo.
-   Mamá, siento mucho lo de esta mañana, de verdad. Tú no tienes la culpa de lo que nos ha hecho papá y ahora estás así por mi culpa. Si no hubiésemos discutido, nada de esto habría pasado –no puedo aguantar más y me pongo a llorar. No puedo evitar los remordimientos- Esto es todo por mi culpa, tú no te mereces estar aquí. Yo soy la que debería estar tumbada en esa camilla por haberte hablado así –mi madre levanta lentamente su brazo y me tapa la boca. Noto por su expresión que le ha costado muchísimo hacer ese movimiento.
-   Eh, Patri, no digas tonterías. Tú no tienes absolutamente la… culpa de nada lo que me está pasando a mí, ¿de acuerdo… cariño? No te sientas culpable porque no… no lo eres. No recuerdo exactamente cómo fue… el accidente, pero te puedo asegurar que tú… tú no tienes nada que ver –dice en voz muy baja, apenas puede hablar. Mi hermana sigue abrazando a mi madre, está llorando. Se hace la dura, pero sé que esta situación la supera. La verdad es que nuestra madre tiene realmente mala pinta. Su voz es apenas un susurro, está completamente llena de moratones y heridas y con el collarín. No soporto verla así –Oye Sofía, ¿podrías dejarme un momento… con las niñas a solas para poder hablar… con ellas? –dice mi madre acariciando la cabeza de mi hermana y mirando a nuestra tía.
-   Claro Cristina, estoy en el pasillo. Si necesitáis algo, sólo llamadme –mi tía se acerca a mi madre, le coge la mano un momento y sé va. Al mirarle los ojos, puedo alcanzar a ver que está llorando. Y eso me preocupa, y mucho.
-   Mamá, ¿por qué llora la tía Sofía ahora que estás despierta? –digo yo intentando comprender.



Narra Noemí
Al oír aquellas palabras, levanto la cabeza y me seco las lágrimas.
-   ¿Estaba llorando la tía? –digo sentándome en la camilla.
-   Sí. Mirad chicas, tenéis que ser fuertes. Veréis, los… médicos me han diagnosticado una hemorragia interna.  No me la han podido ver hasta que he despertado –en ese momento empieza a toser. Yo me levanto, sirvo un poco de agua en un vaso y se lo doy- Y… ya es demasiado tarde, he… perdido mucha… sangre –nuestra madre cada vez habla más despacio y más bajo. Sus palabras son meros murmullos, apenas comprendemos lo que nos dice- Chicas… me quedan apenas unas horas de vida. No saben… exactamente cuanto me queda.
-         ¡NO! No puede ser mamá, por favor. Dinos que no es verdad, que es sólo un error o una horrible pesadilla. ¡MAMÁ! No nos puedes dejar solas, no puedes, simplemente… –no puedo terminar de decir la frase. No paro de llorar. Me temía lo peor, y finalmente, ha llegado. Oigo como mi hermana también se echa a llorar
-         Shh, chicas. Lo... siento muchísimo. Pero… os tenéis que ir con vuestro padre. Los tíos no… no… pueden hacerse cargo de vosotras, ya han… hablado con él. Está de… camino. No sé cuando llegará. Tenéis que… ser fuertes, disfrutar y ser felices. Tenéis que hacerlo… por mí. Hacer lo que siempre habéis querido y nunca… dejéis que os digan que no podéis hacerlo. Yo siempre… os estaré cuidando a donde quiera que vaya, pero tenéis que… tenéis que cuidaros entre vosotras. Y, por favor, intentar perdonar a vuestro… padre. Él está muy arrepentido, no le hagáis sentir peor. Os… quiero, nunca… lo olvidéis –al acabar de decir esto, mi madre cerró los ojos. Se había quedado dormida. Le había costado demasiado esfuerzo decir aquello. Mi hermana y yo no nos podíamos creer que nos estuviese pasando esto. No parábamos de llorar.
Al cabo de casi tres horas, vemos que entraba alguien en la habitación. Nuestros ojos no pueden dar crédito a lo que ven, el que acaba de entrar en la habitación es nuestro padre:
-   Hola… chicas –dice nuestro padre, dirigiéndonos una mirada- Siento que sea en esta situación como nos tengamos que ver –en ese momento vemos que se acerca a nosotras.
-   Esto… Hola –le digo yo, intentando parecer amable. Lo hago por mi madre, se lo prometí. Se acerca a mí y me acaricia la mejilla, empiezo a sentir pena por él. Me parece ver arrepentimiento en su mirada. Al acercarse a Patri, ella le quita la cara para que no la toque.
-   Chicas… de verdad. Siento haberos hecho lo que os hice. Sé que no os va a servir de nada, pero si pudiese volver atrás, lo habría hecho.




Narra Patri
Cuando veo a ese señor,"nuestro padre",  entrar en la habitación se me pasan por la mente mil formas de echarle, pero me quedo callada por mi madre. No le dirijo ni una simple mirada. Después de un rato de incómodo silencio, veo como mi madre comienza a despertase. Mi hermana y yo nos acercamos de nuevo a la camilla y nuestra madre nos hace un intento de sonrisa. Después dirige su mirada hacia el otro lado se da cuenta de que nuestro padre a llegado.
-   Mario… ya llegaste -dice en voz muy bajita. Nuestro padre se acerca y le coge la mano- Chicas… tengo que hablar… con vuestro padre, iros un momento… con vuestra tía –dice nuestra madre en leves murmullos. Nosotras hacemos caso omiso de sus palabras, no queremos separarnos de su lado- Chicas, por favor… ¿podéis salir de la habitación? -vuelve a decir nuestra madre casi sin poder hablar.
-    Pero mamá, queremos estar contigo –digo yo, negándome a irme- Por favor, Patri ahora… ahora entráis de nuevo serán sólo… unos minutos –dice nuestra madre. Nosotras, finalmente desistimos, asentimos con la cabeza y salimos de la habitación dejándolos a los dos que hablaran.
Al encontrar a nuestra tía, nos abraza y entra ella también en la habitación. Nosotras nos sentamos en la sala de espera, después de algo más de diez minutos, nuestro padre sale de la habitación y nos indica con un gesto que ya podemos entrar a verla. Nada más entrar nos acercamos a nuestra madre.
-   Hijas, he hablado con vuestro padre…hemos decidido que lo mejor… es que os vayáis a vivir a  Londres con él. Veréis como estáis bien… él os cuidará y os dará lo que necesitéis –dice nuestra madre, casi sin poder respirar.
-   Pero mamá, nos tendremos que ir de aquí. No, por favor, no queremos ir con él. Queremos quedarnos contigo- empezaron a caer lágrimas por mi cara, al mirar a mi hermana veo que ya está llorando.
-   Por favor… Patri, no lo pongas más… difícil. Hacedlo por mí, intentaros llevar… bien con él –dice ella casi sin aliento y tosiendo a veces.



Narra Noemí
-   ¿Mamá, estás bien? –digo acercándome a mi madre. Al acercarme, compruebo que no puede respirar casi.
Mi madre no contesta, está haciendo ruidos muy extraños, se está ahogando. Empieza a toser y le dan pequeños espasmos, cada vez tose con más intensidad y más ruidosamente, hasta que le comienza a salir sangre por la boca. De repente, las máquinas comienzan a pitar con gran estruendo. Mi hermana y yo comenzamos a gritar pidiendo ayuda. Instantes después llegan los médicos corriendo y una enfermera nos echa de la habitación. Cuando salimos, nos tiramos el suelo a llorar y vienen corriendo nuestros tíos y nuestro padre, se tiran al suelo con nosotras y nos abrazan. Mientras, oímos dentro a los médicos gritar cosas. Las máquinas no cesan de sonar en ningún momento. Mi madre se está muriendo, lo puedo notar. Algo en mi interior me lo dice. Yo no puedo parar por un instante de llorar.
Cuando ya he perdido la noción del tiempo, los médicos salen de la habitación. Yo me pongo a gritar, ya sé que es lo que nos van a decir. No hace falta que me lo digan. Comienzo a gritar y a llorar, nuestra madre se ha ido. Ya no está con nosotras. Los médicos se acercan a mi padre, que estaba enfrente de nosotras, mirándonos, ya que nosotras no habíamos querido su consuelo, y le dicen que nuestra madre ha fallecido, yo no consigo para de llorar, apenas puedo ver lo que sucede a mi alrededor, mis lágrimas me lo impiden. Noto que alguien me coge en brazos, es mi tío. Me está sacando a la calle, para que pueda relajarme. Yo intento zafarme de sus brazos, quiero entrar a ver a mi madre por última vez. Quiero despedirme de su cuerpo. Mi tío me agarra más fuerte, impidiéndome soltarme. Puedo ver a mi hermana, sentada en el suelo, abrazada a sus rodillas mientras llora. Cuando llegamos a la calle, mi tío me deja en un banco, yo me levanto y comienzo a pegarle y a gritar, hasta que finalmente no puedo más y me echo a sus brazos a llorar. No paro de preguntarme el por qué ella. El por qué nos ha tenido que abandonar, ella no se merecía irse ya.




Narra Patri
Cuando salió el médico y nos dijo que nuestra madre había fallecido, caí al suelo. Me quedé en silencio como una persona sin alma, llorando, agarrando mis rodillas en una esquina. No me fijé en nada a mi alrededor, no veía nada. Sólo podía llorar, tirada en el suelo, sin poder moverme, sin saber qué hacer. Perdí la noción del tiempo y cuando se me acercó mi tía y me levantó, llevándome hacia la calle mientras me abrazaba, yo no dije ni una sola palabra. Seguía en estado de sock.

Pasaron dos semanas, mi hermana y yo seguíamos sin haber superado la pérdida de nuestra madre. Nuestro padre se había mudado con nosotras a nuestra cosa hasta que nos fuésemos con él. Por casa, todo nos recordaba a nuestra madre… Nos resultaba muy duro, no sabíamos qué hacer, cómo comportarnos con nuestro padre, ya que la última voluntad de nuestra madre fue que hiciésemos las paces con él, que le perdonásemos. Pero es que era demasiado difícil, no podríamos olvidar tan fácilmente aquello y mucho menos perdonárselo. Mi hermana era la que mejor le trataba, yo apenas le dirigía la mirada.
Quedaba sólo un día para irnos con nuestro padre. Para irnos con casi un completo desconocido. Aunque no quisiéramos irnos con él, no teníamos otra opción, no podíamos quedarnos con nuestros tíos. En el instituto, los profesores nos ayudaron mucho. Como nuestro padre les dijo que nos iríamos en breve a vivir con él a Londres, nos hicieron un examen global de todo, y básicamente nos regalaron el aprobado. No nos hicieron asistir a clase, ya que los compañeros no paraban de agobiarnos. Nos citaron por la tarde a las dos, nos hicieron los exámenes y nos despedimos de ellos. No los volveríamos a ver jamás.
Habíamos perdido casi por completo el contacto con nuestras amigas, mi hermana y yo sencillamente nos encerrábamos a llorar en nuestra habitación, recordando momentos con nuestra madre. Ya era por la noche y nuestro vuelo saldría a la una del mediodía, pero tendríamos que estar ahí sobre las once. Nuestro padre nos hizo una pequeña cena, nos la comimos en silencio y nos fuimos a la cama. Espero que las cosas cambien en Londres, sino, no sé si podré seguir así mucho tiempo, y mi hermana igual. Me metí en mi cama y me quedé dormida al instante, estos últimos días no había dormido bien, me había sumergido en una dolorosa rutina. Y esta canción, me recordaba completamente al momento que estábamos pasando mi hermana y yo ahora: 

 
 



No hay comentarios:

Publicar un comentario