viernes, 22 de junio de 2012

Capítulo 1: El peor día de nuestra vida


Narra Noemí
Después de despedirme de mi hermana, entré en mi clase y me senté en mi pupitre al lado de mi amiga Ana. Nos pusimos a hablar hasta que vino nuestro profesor de Lengua. Me puse a tomar apuntes sin ninguna gana. Acabábamos de empezar el día y lo único que quería era acabar ya. Además, tenía una extraña sensación. Como si algo malo fuese a suceder.
Por fin suena el timbre, indicando el final del instituto. Recojo mis cosas, las guardo en la mochila y salgo con mi amiga Ana de clase. Nos quedamos esperando a mi hermana en la zona en la que hemos quedado. A los diez minutos, aparece con sus dos amigas: Hele y Ruth. Justo en ese momento oigo que alguien me llama:
-   ¡Noemí! Esperadme, por favor –es Paula, mi otra amiga. Ella va un curso por debajo que Ana y yo, porque el año pasado tuvo problemas en casa con su familia y no pudo ir durante mucho tiempo- ¿Qué tal os ha ido el día, chicas? Yo estoy agotada y todavía estamos a martes. Ya estoy deseando que sea fin de semana, ¿qué vamos a hacer? –nos dice Paula a Ana y a mí de carrerilla. Es muy charlatana, pero es muy buena chica.
-   Pues nos ha ido como siempre, Pau. Aburrido –le digo a Paula mientras comenzamos a salir del instituto todas: mi hermana con sus amigas y yo con las mías. Siempre vamos a un parque que hay cerca del instituto y nos quedamos un rato hablando.



Seguimos hablando y cuando llegamos al parque, yo me voy con mis amigas a un banco a hablar tranquilamente y mi hermana se queda en otro:
-   Bueno Ana, ¿al final que pasó ayer con Pablo? –le digo a Ana después de sentarnos en el banco.
-   Pues… me dijo que me quería. No sé que hacer chicas. Quizá si intento algo con él, consigo olvidar a Fer. Todavía no le he olvidado. Me hizo mucho daño –nos dijo Ana mirándonos a Paula y a mí.
-   ¿En serio? Pues tía, enróllate con él –dice Paula sorprendida.

En ese momento viene mi hermana mi hermana corriendo hacia mí. Tiene la cara llena de lágrimas y sus amigas vienen detrás de ella, corriendo también. Yo me levanto corriendo y voy hacia mi hermana. Ella sin pensarlo me abraza. Apenas puede hablar:
-   ¿Qué pasa, Patri? No me asustes –le digo yo a mi hermana intentando mantener la calma. Pero ella no puede hablar. Entonces miro a sus amigas, ellas tienen los ojos llorosos y nos miran preocupadas.
-   Noemí… Es vuestra madre. Ha... –dice Hele, la amiga de mi hermana. Pero yo no le dejo terminar.
-   ¿Nuestra madre? ¿Qué es lo que ha pasado? ¡¿Qué pasa?! –digo yo comenzando a ponerme muy nerviosa.
-   Verás. Ha… ha… tenido un accidente de coche –dice entonces Ruth. Yo sin evitarlo me pongo a llorar. En seguida vienen mis amigas a abrazarme. Pero yo me niego, lo único que hago es abrazar más a mi hermana, que sigue tirada en el suelo abrazándome- Está en el hospital. Han llamado tus tíos a tu hermana para decírselo. Están viniendo a por vosotras para llevaros al hospital con ella.
-   ¿Qué? ¡NO! No puede ser. Ella no… -comienzo a hablar, pero no puedo terminar. Mis lágrimas comienzan a rodar por mis mejillas y se me corta la voz.

Las chicas no saben que hacer con nosotras. Cuando por fin, después de casi 15 minutos tiradas en el suelo llorando, intentando saber qué es lo que ha pasado, nos conseguimos calmar un poco y nuestras amigas nos ayudan a levantarnos del suelo y nos sentamos en el banco. Patri no para de llorar diciendo que es culpa suya, por haber discutido con ella esta mañana. Yo no puedo evitar dejar de llorar. No estoy preparada para perder a mi madre también. Ya lo pasé muy mal cuando mi padre se fue. No sé qué voy a hacer si mi madre se va, no creo que pueda soportarlo.
En ese momento llegan nuestros tíos y nosotras nos despedimos de nuestras amigas para ir al hospital. Pero ellas no quieren dejarnos solas, insisten en venir con nosotras. Como no caben en el coche, se van a la parada del autobús y nos dicen que nos vemos allí.
Nuestros tíos nos llevan hacia su coche y nosotras, sin parar de llorar, nos montamos en él sin mediar palabra. Vamos como sonámbulas. Sencillamente no podemos creernos que nos esté pasando esto.
Cuando por fin llegamos al hospital, nuestros tíos aparcan. Se bajan del coche, nosotras salimos también de él y comenzamos a andar hacia dentro. En cuanto llegamos a recepción, mi tía pregunta por mi madre. Le dicen que la están trasladando a una habitación. Nos dice donde está situada y enseguida mi hermana y yo salimos corriendo hacia donde nos ha indicado. Necesitamos verla, necesitamos poder ir con ella. Nuestros tíos nos siguen por detrás también corriendo para no perdernos de vista, pero cuando vamos a entrar en la habitación, nos retienen. Mi tía dice que primero quiere pasar ella para ver como está. En cuanto entra, oímos como se pone a llorar. Así que esquivamos a nuestro tío y entramos.
En cuanto la vemos nos quedamos sin aliento. Nuestra madre está metida en la cama, apenas respira y está conectada a un montón de máquinas. Mi hermana se pone a llorar sin parar y yo noto como me fallan las fuerzas y caigo al suelo. Desde el suelo me fijo bien en ella: está llena de magulladuras y heridas por todo el cuerpo y tiene puesto un collarín y un brazo completamente escayolado.
Cuando ya he perdido la noción del tiempo, entra un médico a la habitación. Mi tía se acerca a él y comienza a hablar con él. Yo intento calmarme para oír lo que dicen:
-   ¿Es usted familiar de Cristina Martínez? –le dice el médico a mi tía.
-   Sí, soy su hermana. Dígame, ¿qué es lo que tiene? –dice mi tía preocupada.
-   Verá señora, su hermana está en un estado muy grave. Le hemos tenido que inducir el coma. Tiene una contusión cerebral, un brazo roto y un traumatismo vertical. No sabemos si conseguiremos sacarla adelante. Ha sufrido demasiados daños y, si sale adelante, no sabemos los daños que podrán causarle la contusión cerebral. De momento lo único que podemos hacer es esperar. Las próximas 24h son decisivas para determinar si podrá salir adelante –le dice el médico a mi tía. Ella sin poder aguantar más, se pone a llorar- Lo siento mucho, de verdad señora. Lo mejor será que se lleve a las niñas del hospital. No creo que les haga bien ver así a su madre.
-   Perdone, pero ¿cómo sabe usted que somos sus hijas? –le digo yo al médico levantándome al oír la última frase de él.
-   Yo conozco a vuestra madre. Es amiga de mi mujer. Por eso lo sé –dice el médico mientras se acerca a mí y me da una palmada en la espalda. Al terminar de decir esto, él sale por la puerta para dejarnos intimidad.

No me puedo creer lo que ha dicho el médico. De repente, empiezo a notar que me falta el aire, me cuesta respirar. Me empieza a doler muchísimo el pecho y se me empieza a nublar la vista. Cuando me quiero dar cuenta, mis piernas se doblan y me caigo al suelo. Antes de que todo se vuelva de color negro logro alcanzar una última imagen: mi madre tumbada en la cama y mis tíos y mi hermana viniendo corriendo hacia mí.



Narra Patri
Estoy de pie, viendo a mi madre tirada en la camilla. No puedo evitar dejar de llorar, pensando que todo fue por mi culpa. Quizá si no hubiera discutido con ella… No paro de comerme la cabeza. Dios, ¿por qué a ella? Sigo llorando y cuando voy a mirar a mi hermana, la veo rara como si estuviera desorientada. De repente la veo flaquear y caer al suelo. Salgo corriendo hacia ella para cogerla.
-   Hermanitaa, ¿qué te pasa? ¡Despierta! ¡No me asustes! –en ese momento veo que el doctor vuelve a entrar en la habitación, supongo que al oír los gritos- Doctor, haga algo -digo gritando, sin parar de llorar.
-   ¿Qué le ha pasado? –dice el médico mientras se arrodilla a nuestro lado y le toma el pulso a mi hermana.
-   No sé, sencillamente, se desplomó. La miré y la noté rara, instantes después se cayó al suelo.
-   Está bien, tiene pulso. Se habrá desmayado por el disgusto –me mira y aparta mi mano de mi hermana. Pero yo, reacia a dejarle, la abrazo más fuerte.
-   Déjame cogerla, Patri. La voy a tumbar en ese sofá de ahí –dice el médico mientras guía su mirada a un sofá que hay en la habitación.
-   Es… es… Esta bien –digo yo intentando controlarme.
El médico coge a mi hermana en brazos y la tumba en el sofá. Al momento llegan mis tíos con unas enfermeras. Supongo que cuando mi hermana se ha desmayado, fueron a buscarlas. El médico comienza a dar instrucciones a las enfermeras. Pero yo no atiendo a lo que dice. Sólo sé que mi vida tal y como la conozco se desborda por momentos. Y yo, no hago más que llorar. Mis tíos se acercan a mí y me abrazan mientras me susurran palabras de consuelo, pero yo hago caso omiso de sus palabras, estoy ausente. Lo único que quiero es calmarme, intentar hacer algo para cambiar esta situación. Cuando el médico ha terminado de dar las indicaciones, nos dice que vuelve en diez minutos y se va. Yo, ya más calmada, me acerco a mi hermana y comienzo a hablarle y a menearla suavemente para intentar que vuelva en sí.



Narra Noemí
Todo está negro, no consigo ver nada a alrededor de mí. Lo único que me demuestra que estoy viva todavía es una voz. Es ella, mi hermana, me está llamando, pero la oigo muy lejana. Cuando intento recordar por qué estoy así, de repente sé por qué. Mi madre está en el hospital Y yo estoy con mis tíos y mi hermana en él. No puede ser, encima voy yo y me desmayo.
De repente abro los ojos y me intento incorporar rápido, pero mi hermana me sujeta y me vuelve a echar en el sofá:
-   Eh, ¿a dónde vas tan rápido, fiera? Te acabas de desmayar, ve un poco más despacio –dice mi hermana y, al terminar de decir la frase. Intenta sonreírme, pero se queda en una mueca. Un atisbo de sonrisa.
-   Pero, ¿qué me ha pasado? ¿Por qué me he desmayado? –le digo a mi hermana. Tengo que volver a apoyar la cabeza en el sofá, porque se me nubla la vista.
-   El médico dice que es muy probable que sea por el disgusto –y mira directamente a mamá. Yo no puedo evitarlo y me pongo a llorar.
-   Patri, no quiero que mamá también se vaya. No puedo, ella es lo único que tenemos. Ella no se lo merece.
-   Shh, tranquila Noemí. Ya verás como se va a poner bien –dice mi hermana intentando calmarme. Pero sé que está igual o más asustada que yo.



Narra Patri
Intento calmar a mi Hermana abrazándola, nos quedamos en la habitación con mi madre unos minutos sentadas y dando paseos por la habitación, cuando a los 15 minutos llegan mis amigas Hele y Ruth y las amigas de mi hermana Ana y Paula. Se acercan a intentar animarnos un rato, intentando distraernos contándonos otras cosas. Después de un rato, vuelve a aparecer el Doctor.
-   Chicas deberíais ir a descansar a casa o con vuestra tía -nos dice el doctor.
-    Si eso os vendría muy bien chicas -dice Hele.
-   No, no queremos irnos. Queremos estar junto a mamá. Si quieres vete tú, Noemí, y descansas un rato -digo yo mirando a mi hermana.
-   No Patri, yo también quiero quedarme -me dice mi hermana con cara de pena-
-   Venga chicas iros a comer algo y a daros una ducha a casa. Os sentará muy bien -repite el doctor- Además, no os preocupéis. Vendrá mi mujer, que es buena amiga de vuestra madre y se quedara con ella un rato -nos dice de nuevo. Se nota que conoce a nuestra madre. Ella haría lo mismo en estos casos.

Al final, entre nuestras amigas y el doctor, nos acaban convenciendo. Nuestra tía se queda con nuestra madre en el hospital y nuestro tío nos lleva en coche a nuestra casa.
Ya son casi las nueve de la noche cuando salimos del hospital, por lo que nuestras amigas también se van. Ellas en autobús, ya que no cabemos.



Narra Noemí
En cuanto llegamos a casa, no pude evitar llorar. Todo me recordaba a que mi madre estaba en el hospital. Mi hermana se fue a la ducha mientras que yo me relajaba y mi tío nos preparaba algo de cenar.
Al terminar de ducharnos y comer, mi tío nos obligó a echarnos un rato. Cuando llevamos dormidas casi dos horas, suena el teléfono. Mi hermana y yo salimos corriendo hacia él, lo coge mi hermana:
-         ¿Diga? ¿Quién es? –dice mi hermana nerviosa nada más descolgar el teléfono.
-         Patri, soy el médico. Es vuestra madre…
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario