sábado, 20 de octubre de 2012

Capítulo 34: El mejor regalo de cumpleaños II.



Narra Patri
Esto es tan maravilloso… ¿Cómo puede darme este regalo tan perfecto? Todo él es perfecto. Me tiene agarrada por la cintura, detrás de mí. Sé que puedo confiar en él. Nos quedamos así, abrazados, durante un buen rato, hasta que oímos un carraspeo a nuestras espaldas. Es entonces cuando sé que perdimos la noción del tiempo:
-     Disculpen, pero la cena ya está lista –dice un hombre con un uniforme de camarero. Zayn y yo le miramos.
-     ¿Quién es él? –le pregunto a Zayn mirándole.
-     Es un chef. Bueno, y varios camareros. Los contraté para que nos cocinaran. Son los que llamaron antes a la puerta –me dice sonriendo- Bueno, muchas gracias. Dejen todo ahí encima, por favor. Ya pueden irse –dice él acercándose al camaero y dándole dinero.

En cuanto se van, Zayn me retira la silla, me siento y me acerca a la mesa. Después el se siente enfrente de mí. Todo está hermoso. Y ahora aún más que es de noche. Serán las nueve más o menos. La única iluminación que teníamos era la de las velas, las estrellas y el precioso brillo de la luna. Algo que le daba un ambiente realmente mágico y romántico. Algo que me encanta:
-     ¿Un poco de vino? –me pregunta Zayn cogiendo la botella. Yo asiento.
-     Si, bueno… -le digo sonriendo.
Él me echa un poco en la copa y luego se sirve a él. A continuación, se levanta y pone los platos que había dejado el camarero en un carrito a nuestro lado. Se vuelve a sentar y comenzamos a cenar mientras charlamos animadamente:
-     Sigo sin creerme que hayas hecho todo esto para mí –le digo dejando de comer unos instantes para mirar a sus preciosos ojos.
-     Por ti haría lo que hiciese falta. Me iría al fin del mundo por ti. Lo único que quiero es verte feliz, hacerte feliz. Ser capaz de hacerte sonreír como tú te mereces. Quiero ser una de las personas más importantes de tu vida, que esperes con ilusión el momento en el que nos vayamos a ver –dice en voz baja, íntima. Muy cerca de mí. Ya que la mesa era bastante pequeñita y acogedora.
-     Zayn… ya espero con ilusión el momento en el que te pueda ver. Desde que vi tu sonrisa en persona, incluso desde antes, lo he hecho.
-     Eres increíble, Patri. Jamás pensé que encontraría a alguien como tú. A alguien con la que tuviese tanta felicidad de proteger, de hacer feliz, de estar a su lado. Tú me estás demostrando qué es estar atrapado... atrapado en el amor… -me dice él tímidamente.
-     Me tienes en demasiada estima. Espero no decepcionarte… -digo yo insegura.
-     Estoy convencido de que no lo harás. Hagamos un trato: tú no volverás a dudar de ti misma, de dejarte llevar por tus inseguridades y yo… yo sencillamente te trataré como lo que eres, como lo mereces –dice sonriéndome cálidamente. Yo le respondo con otra sonrisa. Una sonrisa ilusionada y llena de sentimientos.
-     Está bien. Me controlaré, por ti –le digo en voz baja.
Después de eso, seguimos cenando mientras nos conocemos un poco más. Yo le cuento cosas mías y el, cosas suyas (las que aún no sé). Y, cuando hemos acabado el postre y, en resumen, de cenar. Él se levanta y recoge las cosas, sin dejarme a mí ayudarle:
-     Ahora vengo.  Tengo otra sorpresa para ti, la última –dice cuando ha terminado de recoger. 

Desaparece un momento de mi vista, internándose en el interior de la casa. Vuelve minutos después con una pequeña cajita de terciopelo elegante, negra. Mueve la silla, poniéndola a mi lado, y después se sienta:
-     Feliz cumpleaños… con atraso –dice entregándome la cajita. Yo me quedo soprendida.
-     No… no sé que decir… -digo yo mirando la caja y a él, alternativamente.
-     No digas nada. Sencillamente ábrelo, quiero saber si te gusta… -dice mirándome. 

Yo asiento y miro la cajita un instante. Acaricio despacio la caja, la suavidad del terciopelo y, después la abro. Dentro hay una pulsera preciosa. Es de plata, con piedras de swaroski de color azul y tiene pequeños delfines.


-     Oh, Zayn, es… absolutamente increíble. No tendrías que haberte molestado, de verdad. El mejor regalo ha sido estar contigo. Tu compañía ha sido el mejor regalo que he tenido nunca… -digo yo mirándole sinceramente a los ojos.  >>Le quiero, no lo puedo negar<<
-     ¿De verdad te gusta? Es que… vi ese color azul tan bonito y… me recordó a tu color de ojos. El color azul más bonito que he visto nunca –me responde él en un susurro. A pocos centímetros de mis labios- Además, quiero que tengas algo que te recuerde siempre a mí. Que, al verlo, te haga sonreír al acordarte de mí –dice cada vez más cerca de mis labios.
-     Zayn, jamás te saco de mi mente. Eres lo primero en lo que pienso cuando me levanto y lo último en lo que pienso –le respondo en susurros >>Este momento es demasiado bonito para ser verdad. Creo que estoy soñando. Es perfecto<< Él me sonríe y, finalmente, acorta la poca distancia que nos queda, fundiéndonos en un tierno y apasionado beso que deja salir a la luz lo que sentimos. En un solo beso, nos estamos demostrando la necesidad que tenemos de nosotros. Le quiero y le querré por siempre. Nuestras lenguas juegan a encontrarse, yo le rodeo el cuello con los brazos y él me agarra con una mano por la cintura y con la otra me acerca más a él.



Narra Harry
Cuando llegamos a la habitación de Noemí, dejo la bandeja en su escritorio mientras ella pone la película en el ordenador portátil. Mientras se enciende el ordenador, ella se gira y me mira:
-     Me voy a poner algo más cómodo que este vestido –dice mirándome sonriente.
-     ¿Por qué? Me encanta cómo vas… -digo acercándola a mí por la cintura para darla un beso.
-     Pero no es lo más adecuado para quedarme tumbada en la cama. Se va a arrugar. Un día que salgamos, me lo pongo para ti, ¿vale? –dice sonriendo y poniéndose de puntillas para darme un dulce beso. Después se separa de mí y yo asiento embobado con su mirada.
-     ¿Por qué me miras así? ¿Tengo algo? –dice ella tocándose la cara.
-     Sí. Tienes mi perdición –le respondo yo.
-     Aw… Y tú la mía… -dice sonriendo. Después se va hacia el armario que tiene y se queda mirándolo. Me acerco a ella para ver qué elije- No sé qué ponerme… -dice mirándome un instante. Yo me río y miro su armario. Le cojo una camiseta de color azul de tirantes y unos vaqueros largos, ya que hace frío.
-     Ale, ya tienes que ponerte –le digo dándoselo. Ella se ríe, me da un beso y se va corriendo al baño. En poco más de cinco minutos, está de vuelta en la habitación. Guarda su vestido en el armario, deja el portátil encima de la cama, coge las palomitas y se sienta impaciente en la cama.
-     Primero nos comemos las palomitas y luego ya nos abrazamos… Que sino, veo las palomitas esparcidas por toda la habitación –me dice ella sonriendo traviesa. >>Me pierde su sonrisa. Su forma de hacer feliz a los demás<<
-     Vale, pequeña glotona… -digo sentándome a su lado y acariciando su mejilla derecha.  

Ella me ofrece palomitas y yo cojo unas pocas. En cuanto nos terminamos las palomitas, o más bien, se termina las palomitas, ella deja el recipiente encima de su escritorio y se acurruca en mi pecho mientras vemos la película. Es como una niña pequeñita, y eso me encanta. Se sabe la película entera, aunque obviamente, en español. Ella dice las frases en español y yo me quedo embobado escuchando su preciosa voz, que es aún más perfecta cuando habla en español. Mientras vemos la película acurrucados en su cama, yo juego con su pelo y ella dibuja círculos en mi pecho. Cuando terminamos de ver la película son las ocho y diez de la tarde. Apagamos el ordenador y nos volvemos a quedar abrazados en la cama:
-     Noemí, cuéntame cosas de ti… Tú sabes casi todo de mí y yo no se apenas nada de ti… -le digo apartándole un mechón de pelo que le tapa parte de la cara.
-     Mmm… ¿qué quieres saber? Mi vida era muy aburrida y monótona hasta que… pasó lo que pasó… -me responde ella con la mirada triste. Yo me acerco a ella y la doy un dulce beso.
-     Ahora no pienses en eso, princesa. No quiero que te pongas mal. No sé… cuéntame sobre tus amigos en España, de qué parte eres, tus gustos... Quiero saber todo de ti. Tú me sacas ventaja -le digo sonriéndola. Ella se ríe y se incorpora un poco, pero sin dejar de abrazarme.
-     Está bien… Mis mejores amigas se llaman Ana y Paula. Soy de Madrid, la capital. Y, la verdad, las echo muchísimo de menos. A ellas, a mis tíos y a mis otros amigos. Me encantaría ir a verles pronto, pero sé que es imposible. Apenas llevamos un mes en Londres… Y bueno… gustos… baile, poesía, animales y música… Y obviamente, tú… -dice sonrojándose un poco. 

Yo me río y la beso. Sigue contándome cosas hasta que me sé casi su vida entera (cosa que me encanta). Entonces, comienza a darme besos suaves por el cuello.  >>Me pierde. No soy capaz de controlarme con ella. Me hace perder la razón<< Yo la agarro la barbilla y la doy un dulce beso,  pero tengo más ganas de ella. Nunca es suficiente. Sigo besándola y ella me sigue mientras acaricia mi pecho, yo la empujo suavemente hacia mí para sentir su calor. Ella me empuja y me tumba en la cama, comenzando a besarme con más pasión. >>Harry, contrólate. No sigas, demuestra que tienes fuerza de voluntad. Demonios, ¿a quién quiero engañar? Es imposible que me controle teníendola a mi lado, besándome<< Yo la acaricio la espalda y juego con su pelo, mientras la temperatura cada vez sube más. No quiero presionarla a hacer nada. Y menos, después de lo que me ha contado de su ex-novio. De que la dejó porque no quiso dar un paso más en la relación. Quiero que sepa que la quiero por lo que es. Con toda la fuerza de mi voluntad, me separo de ella unos centímetros y le acaricio la cara, que ahora tiene un color más rosado. Ella me sonríe y se vuelve a acurrucar en mi pecho. Yo vuelvo a jugar con su pelo. Adoro su tacto y su olor. Huele a ella. Nos quedamos en silencio, aunque a veces es roto por temas de conversación breves. Podemos ver que ya es de noche. Miro de reojo el reloj y veo que son más de las nueve de la noche. Cuando veo que está demasiado callada, me incorporo un poco y veo que se ha quedado dormida. Me quedo abrazado a ella, reflexionando sobre las cosas que me ha contado. Dándome cuenta de lo fuerte que es. Dándome cuenta de hasta qué punto la quiero. Y, sin darme cuenta, yo también caigo en un profundo y dulce sueño, con ella entre mis brazos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario