Narra Patri
Esto es tan maravilloso… ¿Cómo puede darme este regalo tan
perfecto? Todo él es perfecto. Me tiene agarrada por la cintura, detrás de mí.
Sé que puedo confiar en él. Nos quedamos así, abrazados, durante un buen rato,
hasta que oímos un carraspeo a nuestras espaldas. Es entonces cuando sé que
perdimos la noción del tiempo:
-
Disculpen, pero la cena ya está lista –dice un hombre
con un uniforme de camarero. Zayn y yo le miramos.
-
¿Quién es él? –le pregunto a Zayn mirándole.
-
Es un chef. Bueno, y varios camareros. Los contraté
para que nos cocinaran. Son los que llamaron antes a la puerta –me dice
sonriendo- Bueno, muchas gracias. Dejen todo ahí encima, por favor. Ya pueden irse –dice
él acercándose al camaero y dándole dinero.
En cuanto se van, Zayn me retira la
silla, me siento y me acerca a la mesa. Después el se siente enfrente de mí.
Todo está hermoso. Y ahora aún más que es de noche. Serán las nueve más o menos.
La única iluminación que teníamos era la de las velas, las estrellas y el
precioso brillo de la luna. Algo que le daba un ambiente realmente mágico y
romántico. Algo que me encanta:
-
¿Un poco de vino? –me pregunta Zayn cogiendo la
botella. Yo asiento.
-
Si, bueno… -le digo sonriendo.
Él me echa un poco en la copa y luego
se sirve a él. A continuación, se levanta y pone los platos que había dejado el
camarero en un carrito a nuestro lado. Se vuelve a sentar y comenzamos a cenar
mientras charlamos animadamente:
-
Sigo sin creerme que hayas hecho todo esto para mí –le
digo dejando de comer unos instantes para mirar a sus preciosos ojos.
-
Por ti haría lo que hiciese falta. Me iría al fin del
mundo por ti. Lo único que quiero es verte feliz, hacerte feliz. Ser capaz de
hacerte sonreír como tú te mereces. Quiero ser una de las personas más
importantes de tu vida, que esperes con ilusión el momento en el que nos
vayamos a ver –dice en voz baja, íntima. Muy cerca de mí. Ya que la mesa era
bastante pequeñita y acogedora.
-
Zayn… ya espero con ilusión el momento en el que te
pueda ver. Desde que vi tu sonrisa en persona, incluso desde antes, lo he
hecho.
-
Eres increíble, Patri. Jamás pensé que encontraría a
alguien como tú. A alguien con la que tuviese tanta felicidad de proteger, de
hacer feliz, de estar a su lado. Tú me estás demostrando qué es estar
atrapado... atrapado en el amor… -me dice él tímidamente.
-
Me tienes en demasiada estima. Espero no decepcionarte… -digo yo insegura.
-
Estoy convencido de que no lo harás. Hagamos un trato:
tú no volverás a dudar de ti misma, de dejarte llevar por tus inseguridades y
yo… yo sencillamente te trataré como lo que eres, como lo mereces –dice
sonriéndome cálidamente. Yo le respondo con otra sonrisa. Una sonrisa ilusionada
y llena de sentimientos.
-
Está bien. Me controlaré, por ti –le digo en voz baja.
Después de eso, seguimos cenando
mientras nos conocemos un poco más. Yo le cuento cosas mías y el, cosas suyas
(las que aún no sé). Y, cuando hemos acabado el postre y, en resumen, de cenar.
Él se levanta y recoge las cosas, sin dejarme a mí ayudarle:
-
Ahora vengo.
Tengo otra sorpresa para ti, la última –dice cuando ha terminado de
recoger.
Desaparece un momento de mi vista,
internándose en el interior de la casa. Vuelve minutos después con una pequeña
cajita de terciopelo elegante, negra. Mueve la silla, poniéndola a mi lado, y
después se sienta:
-
Feliz cumpleaños… con atraso –dice entregándome la
cajita. Yo me quedo soprendida.
-
No… no sé que decir… -digo yo mirando la caja y a él,
alternativamente.
-
No digas nada. Sencillamente ábrelo, quiero saber si te
gusta… -dice mirándome.
Yo asiento y miro la cajita un
instante. Acaricio despacio la caja, la suavidad del terciopelo y, después la
abro. Dentro hay una pulsera preciosa. Es de plata, con piedras de swaroski de
color azul y tiene pequeños delfines.
-
Oh, Zayn, es… absolutamente increíble. No tendrías que
haberte molestado, de verdad. El mejor regalo ha sido estar contigo. Tu
compañía ha sido el mejor regalo que he tenido nunca… -digo yo mirándole
sinceramente a los ojos. >>Le
quiero, no lo puedo negar<<
-
¿De verdad te gusta? Es que… vi ese color azul tan
bonito y… me recordó a tu color de ojos. El color azul más bonito que he visto
nunca –me responde él en un susurro. A pocos centímetros de mis labios- Además,
quiero que tengas algo que te recuerde siempre a mí. Que, al verlo, te haga
sonreír al acordarte de mí –dice cada vez más cerca de mis labios.
-
Zayn, jamás te saco de mi mente. Eres lo primero en lo
que pienso cuando me levanto y lo último en lo que pienso –le respondo en
susurros >>Este momento es demasiado bonito para ser verdad. Creo que
estoy soñando. Es perfecto<< Él me sonríe y, finalmente, acorta la
poca distancia que nos queda, fundiéndonos en un tierno y apasionado beso que
deja salir a la luz lo que sentimos. En un solo beso, nos estamos demostrando
la necesidad que tenemos de nosotros. Le quiero y le querré por siempre.
Nuestras lenguas juegan a encontrarse, yo le rodeo el cuello con los brazos y
él me agarra con una mano por la cintura y con la otra me acerca más a él.
Narra Harry
Cuando llegamos a la habitación de
Noemí, dejo la bandeja en su escritorio mientras ella pone la película en el
ordenador portátil. Mientras se enciende el ordenador, ella se gira y me mira:
-
Me voy a poner algo más cómodo que este vestido –dice
mirándome sonriente.
-
¿Por qué? Me encanta cómo vas… -digo acercándola a mí
por la cintura para darla un beso.
-
Pero no es lo más adecuado para quedarme tumbada en la
cama. Se va a arrugar. Un día que salgamos, me lo pongo para ti, ¿vale? –dice
sonriendo y poniéndose de puntillas para darme un dulce beso. Después se separa
de mí y yo asiento embobado con su mirada.
-
¿Por qué me miras así? ¿Tengo algo? –dice ella
tocándose la cara.
-
Sí. Tienes mi perdición –le respondo yo.
-
Aw… Y tú la mía… -dice sonriendo. Después se va hacia
el armario que tiene y se queda mirándolo. Me acerco a ella para ver qué elije-
No sé qué ponerme… -dice mirándome un instante. Yo me río y miro su
armario. Le cojo una camiseta de color azul de tirantes y unos vaqueros largos,
ya que hace frío.
-
Ale, ya tienes que ponerte –le digo dándoselo. Ella se
ríe, me da un beso y se va corriendo al baño. En poco más de cinco minutos,
está de vuelta en la habitación. Guarda su vestido en el armario, deja el
portátil encima de la cama, coge las palomitas y se sienta impaciente en la
cama.
-
Primero nos comemos las palomitas y luego ya nos
abrazamos… Que sino, veo las palomitas esparcidas por toda la habitación –me
dice ella sonriendo traviesa. >>Me pierde su sonrisa. Su forma de hacer
feliz a los demás<<
-
Vale, pequeña glotona… -digo sentándome a su lado y
acariciando su mejilla derecha.
Ella me ofrece palomitas y yo cojo
unas pocas. En cuanto nos terminamos las palomitas, o más bien, se termina las
palomitas, ella deja el recipiente encima de su escritorio y se acurruca en mi
pecho mientras vemos la película. Es como una niña pequeñita, y eso me encanta.
Se sabe la película entera, aunque obviamente, en español. Ella dice las frases
en español y yo me quedo embobado escuchando su preciosa voz, que es aún más
perfecta cuando habla en español. Mientras vemos la película acurrucados en su
cama, yo juego con su pelo y ella dibuja círculos en mi pecho. Cuando
terminamos de ver la película son las ocho y diez de la tarde. Apagamos el
ordenador y nos volvemos a quedar abrazados en la cama:
-
Noemí, cuéntame cosas de ti… Tú sabes casi todo de mí y
yo no se apenas nada de ti… -le digo apartándole un mechón de pelo que le tapa
parte de la cara.
-
Mmm… ¿qué quieres saber? Mi vida era muy aburrida y
monótona hasta que… pasó lo que pasó… -me responde ella con la mirada triste.
Yo me acerco a ella y la doy un dulce beso.
-
Ahora no pienses en eso, princesa. No quiero que te
pongas mal. No sé… cuéntame sobre tus amigos en España, de qué parte eres, tus
gustos... Quiero saber todo de ti. Tú me sacas ventaja -le digo sonriéndola.
Ella se ríe y se incorpora un poco, pero sin dejar de abrazarme.
-
Está bien… Mis mejores amigas se llaman Ana y Paula.
Soy de Madrid, la capital. Y, la verdad, las echo muchísimo de menos. A ellas,
a mis tíos y a mis otros amigos. Me encantaría ir a verles pronto, pero sé que
es imposible. Apenas llevamos un mes en Londres… Y bueno… gustos… baile,
poesía, animales y música… Y obviamente, tú… -dice sonrojándose un poco.
Yo me río y la beso. Sigue contándome
cosas hasta que me sé casi su vida entera (cosa que me encanta). Entonces,
comienza a darme besos suaves por el cuello.
>>Me pierde. No soy capaz de controlarme con ella. Me hace perder
la razón<< Yo la agarro la barbilla y la doy un dulce beso, pero tengo más ganas de ella. Nunca es
suficiente. Sigo besándola y ella me sigue mientras acaricia mi pecho, yo la
empujo suavemente hacia mí para sentir su calor. Ella me empuja y me tumba en
la cama, comenzando a besarme con más pasión. >>Harry, contrólate. No
sigas, demuestra que tienes fuerza de voluntad. Demonios, ¿a quién quiero
engañar? Es imposible que me controle teníendola a mi lado, besándome<<
Yo la acaricio la espalda y juego con su pelo, mientras la temperatura cada vez
sube más. No quiero presionarla a hacer nada. Y menos, después de lo que me ha
contado de su ex-novio. De que la dejó porque no quiso dar un paso más en la
relación. Quiero que sepa que la quiero por lo que es. Con toda la fuerza de mi
voluntad, me separo de ella unos centímetros y le acaricio la cara, que ahora
tiene un color más rosado. Ella me sonríe y se vuelve a acurrucar en mi pecho.
Yo vuelvo a jugar con su pelo. Adoro su tacto y su olor. Huele a ella. Nos quedamos
en silencio, aunque a veces es roto por temas de conversación breves. Podemos
ver que ya es de noche. Miro de reojo el reloj y veo que son más de las nueve
de la noche. Cuando veo que está demasiado callada, me incorporo un poco y veo
que se ha quedado dormida. Me quedo abrazado a ella, reflexionando sobre las
cosas que me ha contado. Dándome cuenta de lo fuerte que es. Dándome cuenta de
hasta qué punto la quiero. Y, sin darme cuenta, yo también caigo en un profundo
y dulce sueño, con ella entre mis brazos.
.jpg)
No hay comentarios:
Publicar un comentario